Cada vez que limpiamos, consciente o inconscientemente adquirimos actitudes para hacerlo, algunos exagerados otros desinhibido.

El multitarea: ¡divide y vencerás!

Eres la típica persona que mientras recoge el desorden de la casa deja la comida cocinando y aparte se está arreglando, además espera que la espuma limpiadora haga su efecto en el baño y todavía QUIERES MÁS TRABAJO… Eres un todoterreno, pero corres el riesgo de hacer muchas cosas a la vez y ninguna bien al 100%. Para que tu limpieza sea más eficiente, ¡divide y vencerás!

Haz una lista: las tareas que necesitan tu atención al 100% ; y las que se van haciendo “solas” (lavadora, lavavajillas…). Dale prioridad a lo que te urge y después a lo de menos importancia y así sucesivamente

El perfeccionista: ¿Jamás es suficiente?

Eres de los que ves un pequeña pelusa y ya sientes que se te acaba el mundo… crees que nunca se ve tu casa lo “suficientemente limpia

Para que tu limpieza sea más eficiente, ¡haz cálculos! Cada habitación se tarda en limpiar unos 20 minutos y no se puede llegar a limpiar todo siempre. Por tanto, sé realista con los intervalos de tiempo y prioriza. Dedica un tiempo a las estancias más prioritarias y deja el resto para otro día.

El pragmático: a lo que voy y listo…

¿Piensas que no hay que dedicar mucho tiempo a la limpieza, sino que basta con recoger y tenerlo todo ordenado, y una vez al año hacer las tareas más profundamente? Eres una persona resolutiva, que valora la comodidad.

Pero el día que te pongas a hacer “limpieza profunda”, será un día muy largo. Te sugerimos que calendarices esos momentos, para que la limpieza sea realmente profunda y eficiente.

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