Existen parejas con un alto nivel de conflictividad que optan por seguir juntas por los hijos. ¿Cuántos veces no has escuchado “no me separo por mis hijos” en este contexto? Es básico señalar que lo negativo no es el divorcio sino cómo éste se comunica a los menores, cómo se lleva a cabo y cómo se concreta en el tiempo, y en los casos de mala relación conyugal lo negativo para los hijos es mantener esa relación con los menores siendo testigos de todas las discusiones.

Los conflictos conyugales

La exposición a las peleas de los padres afecta negativamente al desarrollo de los menores, no sólo durante la pela sino también después de la misma.

De hecho este tipo de conflicto conyugal es uno de los mejores pronosticadores de problemas en los menores. Los hijos expuestos frecuentemente a esta situación copian la forma de actuar de los padres y no desarrollan maneras sanas de expresión de la ira. De este modo pueden responder tanto con una conducta agresiva, como con angustia y preocupación.

Cómo afecta a los menores

Desde muy pequeños los niños ya son sensibles a los conflictos, por lo tanto es erróneo pensar que “como no nos entiende, no se entera.” Los niños son muy sensibles a las exposiciones no verbales de ira y mucho más a aquellas discusiones en que ellos son “el tema” del conflicto.

Algunas consideraciones

Las investigaciones ponen el acento en la finalización de los conflictos: cuando éstos se solucionan verdaderamente (no sólo dejarlos aparcados hasta el siguiente enfrentamiento) entonces tienen muy pocas repercusiones en los menores. También se ha descubierto que no hay diferencia alguna si los niños están presentes o no en el momento de solucionar el conflicto, ya que tienen mucha sensibilidad para captar que el problema se ha solucionado, aunque no hayan presenciado dicha solución; sin embargo aunque presenten esta capacidad no implica que necesariamente puedan hacerlo siempre, por lo que se recomienda que los padres les expliquen que han podido arreglar la situación, y sobre todo que no ha sido por su culpa, que ellos no son los responsables.

Para acabar

Si ustedes como pareja no pueden evitar sus peleas y son habituales, quizás deban plantearse aceptar que su relación ha terminado, no prolongar una batalla inútil y no hacerles pasar a sus hijos por estas situaciones.

Los padres en conflicto suelen cambiar su forma de ejercer la paternidad y maternidad, volviéndose más exigentes, permisivos/negligentes, o sobreprotectores. Y el niño inmerso en una situación de este tipo crece con ansiedad, miedo, culpa y con ira, que acabará expresando de la misma forma que ha estado viéndolo durante toda su infancia.

Consultar a un especialista

Si por el contrario piensan que su relación se puede salvar y ambos están dispuestos a hacerlo entonces lo mejor es consultar a un especialista que los guíe en la solución de sus conflictos con el fin de tener un hogar pacífico y beneficioso para los niños.

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